AQUEL MUNDIAL EN ALEMANIA

ELIMINADOS POR FRANCIA


Era verano en Hannover. La ilusión por ver por primera vez un partido de alta competición de la selección Española, de España. Mi padre y mi hermano, antonio Rodríguez, los hermanos Alfredo y Alberto Pérez, y el pequeño del grupo Juanqui, llegamos a Hannover vía Colonia con la ilusión de unos niños.

El ambiente era grande, ya nos dimos cuenta nada más llegar al país. Como decía Alfredo :”esto es otra cosa”.

El día estaba siendo importante; cervezas y fiesta en la fan Fest., un codillo inolvidable en el centro de Hannover, saludos y abrazos entre compatriotas de todos los colores. Pero lo más relevante estaba por llegar. España – Francia. Menudo partidazo!!! Los galos estaban presentes contadas sus figuras. Cuando el himno francés sonó en el precioso estadio alemán, los franceses ya daban miedo. Zidane era el estandarte de aquel equipo que tanta gloria había proporcionado a Francia en el último lustro. Un joven Ribery le escoltaba brillantemente. Había jugado notablemente en la primera fase y era el complemento ideal de un Zidane siempre abrumador por su clase.


Nunca tuvimos el control. Quizás en el campo la selección era el reflejo de lo que se barruntaba fuera del mismo. Un equipo desunido, partido por la falta de humildad de sus capitanes y con un Raúl en clara decadencia. A pesar de todo ello nos encontramos con el gol de penalti de Villa. Todos los españoles lo cantamos como si resultase ser el último gol del mundo. Pero resultó un espejismo. Ribery agarró un pase en profundidad rompiendo la barrera del fuera de juego y batió a Casillas por raso y cruzado. Al descanso como al principio.


El segundo tiempo se decantó de nuevo para Francia. El banquillo español, dirigido por Luis Aragonés, parecía agotado y lastrado a su suerte. Hasta que llegó el gol de Viera, y luego el de Zidane. Nunca un sueño duró tan poco.

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