EL PRIMER PARTIDO

ESPAÑA-CHIPRE, 13-12-78


13 de Diciembre de 1978. Estadio Helmántico, Salamanca. Mi primer partido de fútbol en directo. Mi padre Manolo nos llevó a mi hermano Manuel y a mí, junto a otro amigo, a ver a la selección. Desde hacía días no podía dormir pensando en el acontecimiento. ¿Cómo sería, qué sentiría? A mis 7 años de edad no tenía muy claro si me gustaba el fútbol o no; sólo sabía que me gustaba jugar al balón con mis amigos, pero el “fútbol como espectáculo” era desconocido para mí. Esa era mi pregunta mientras nos acercábamos al estadio.


Recuerdos pocos, sensaciones muchas. Era de noche, me impactó entrar al campo y fijar mi primera visión en el césped brillante, verde “oro” del Helmántico. Precioso, casi poético. Después alcé la mirada y acerté a toparme con la gradas, ya casi repletas, inmensas, interminables. No sabía dónde estaba pero aquello me impactó y ya nunca volví a ser el mismo.

Ya sentado, sin hablar, me sorprendió la salida acompasada de los equipos. Los españoles, de rojo muy rojo, llamaron mi atención. Recuerdo al portero, el gran Miguel Angel, y sobre todo recuerdo sus guantes, grandes y negros que destacaban entre todo el colorido de aquel cuadro.


Tuve suerte de ver un partido con goles –cinco- y además de noche –tienen mucho más halo que los diurnos-. Otra imagen que se me quedó grabada surgió cuando el árbitro mostró una tarjeta amarilla. Eso que nosotros, los niños, no teníamos cuando jugábamos por lo que teníamos a amonestar de palabra. Por eso me llamó mucho la atención el comprobar que aquellas famosas tarjetas existían, y eran de un color más amarillo que los girasoles, quizás para que todo el público fuese testigo de aquel acto que, henchido de formalidad, daba hasta miedo….


Pero, antes que los recuerdos, me quedo con las sensaciones. Sensaciones de misterio, de importancia, de deseo, de crecer, de ser, de estar, de soñar, de lograr, de pasión,, de mucha pasión…

Este partido supuso el inicio de mi pasión futbolística, aquel día marcó el principio de un matrimonio indisoluble para siempre. Siempre juntos.


Efectivamente, el fútbol me gustaba, y mucho.


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